Una grageadora es una de las máquinas clave cuando se trabaja con frutos secos, frutas deshidratadas, semillas u otros centros recubiertos con chocolate, azúcar o glaseados.
La elección de la máquina influye directamente en la uniformidad del recubrimiento, el tiempo de proceso, la facilidad de limpieza y la posibilidad de repetir una receta con resultados consistentes.
No existe una única grageadora adecuada para todos los casos. La capacidad del tambor, el sistema de aire, la regulación de velocidad y la forma de la cuba deben elegirse según el producto y el volumen real de producción.
Sistema de recubrimiento por cinta — en lugar de utilizar un tambor giratorio, el producto se desplaza sobre una cinta transportadora, normalmente con una geometría que permite mantener los centros en movimiento durante el recubrimiento.
Este tipo de sistema distribuye bien el peso del producto y puede resultar adecuado para centros especialmente frágiles. También funciona bien en procesos repetitivos y producciones especializadas.
Sus principales inconvenientes son un mayor tamaño, una instalación más compleja y una limpieza generalmente más laboriosa. Por este motivo, es menos habitual en pequeños obradores.
Tambor de acero inoxidable — es la solución más habitual en chocolaterías y obradores. El producto gira dentro de un tambor mientras se añade progresivamente chocolate, jarabe, glaseado u otro recubrimiento.
El acero inoxidable ofrece una superficie resistente, higiénica y fácil de limpiar. Además, permite utilizar la misma máquina para diferentes recetas y facilita el cambio entre producciones.
Para un obrador que necesita trabajar con distintos productos, el tambor de acero inoxidable suele ser la opción más versátil.
Una grageadora demasiado pequeña limita la producción, pero una máquina excesivamente grande tampoco es siempre una buena elección. Si el lote es demasiado pequeño para el tambor, el movimiento del producto puede ser menos eficiente y dificultar un recubrimiento uniforme.
Por eso, al comparar máquinas es preferible fijarse en la carga real de producto en kilogramos y no únicamente en el volumen geométrico del tambor.
KADZAMA, por ejemplo, dispone de grageadoras con diferentes capacidades para adaptar el equipo al volumen de trabajo, desde pequeños lotes hasta producciones considerablemente mayores.
El control del aire dentro del tambor puede cambiar significativamente la velocidad y la estabilidad del grageado.
En el recubrimiento con chocolate, un flujo de aire sin calefacción ayuda a evacuar calor y favorece la cristalización del chocolate entre aplicaciones sucesivas.
Es importante distinguir entre flujo de aire ambiente y un verdadero sistema de refrigeración. Un ventilador introduce aire a la temperatura de la sala, pero no lo enfría por debajo de la temperatura ambiente.
El aire caliente también puede tener varias funciones:
En máquinas pequeñas puede ser suficiente utilizar una fuente externa de aire. A medida que aumenta el volumen de producto, disponer de un sistema integrado facilita considerablemente la repetibilidad del proceso.
Puedes consultar más información sobre este sistema en nuestro artículo: qué es el flujo de aire en una grageadora y para qué sirve.
La geometría del tambor determina cómo se mueve el producto durante el proceso.
La inclinación también influye en la caída y circulación del producto dentro del tambor. Una máquina con inclinación regulable permite adaptar este movimiento a diferentes tamaños, pesos y formas de producto.
Además, un sistema de inclinación facilita considerablemente la descarga de la producción al terminar el ciclo.
La velocidad del tambor no debería ser igual para todos los productos.
Los centros frágiles, los frutos secos, las piezas irregulares y las diferentes etapas del recubrimiento pueden requerir velocidades distintas. Una regulación progresiva permite ajustar el movimiento hasta conseguir una circulación estable del producto sin golpes excesivos.
En cuanto al accionamiento, existen diferentes soluciones:
Para el usuario, más importante que el tipo de transmisión es comprobar que la velocidad pueda regularse con precisión dentro del rango necesario para sus recetas.
Chocolate y azúcar requieren condiciones de trabajo diferentes.
En el grageado con chocolate, el objetivo principal es controlar la cristalización entre capas. La temperatura del producto, del chocolate añadido y del ambiente deben estar coordinadas para evitar tiempos excesivos de cristalización o acumulaciones irregulares.
En el grageado con azúcar, el secado del jarabe es una parte fundamental del proceso y puede ser necesario trabajar con aire caliente o con sistemas específicos de calentamiento, dependiendo de la receta.
Por tanto, antes de comprar una máquina conviene definir qué procesos se van a realizar realmente: chocolate, azúcar, glaseados o una combinación de ellos.
La limpieza puede convertirse en una parte importante del tiempo total de producción, especialmente cuando se cambia con frecuencia de receta.
Un interior liso de acero inoxidable facilita la eliminación de chocolate, azúcar y otros residuos. También conviene comprobar el acceso al tambor, la posibilidad de inclinarlo y la facilidad para limpiar las zonas próximas al sistema de transmisión.
Si se van a trabajar diferentes frutos secos o ingredientes alergénicos, la accesibilidad para la limpieza adquiere todavía más importancia.
También es recomendable comprobar antes de comprar la disponibilidad de repuestos y componentes de mantenimiento.
Una grageadora puede convertirse en una estación de producción más completa mediante diferentes accesorios.
Dependiendo del modelo y del proceso, pueden resultar útiles:
Si existe la posibilidad de que la producción aumente, conviene valorar desde el principio qué elementos pueden añadirse posteriormente sin sustituir toda la máquina.
Una grageadora profesional se utiliza durante muchas horas, por lo que la ergonomía afecta directamente al trabajo diario.
Comprueba especialmente:
Una buena visibilidad del producto dentro del tambor también facilita controlar el proceso y decidir cuándo añadir la siguiente capa.
La mejor máquina no es necesariamente la de mayor capacidad ni la que incorpora más funciones.
La elección debe partir de cuatro preguntas:
Para producciones pequeñas y desarrollo de recetas, una máquina compacta permite trabajar con lotes reducidos sin desperdiciar producto. Para una producción diaria más estable, la capacidad y el control del flujo de aire pasan a ser mucho más importantes.
En producciones mayores, además de la capacidad, conviene valorar la regulación de velocidad, la inclinación del tambor, la descarga y la integración de la máquina en el flujo general del obrador.
Enviando...